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viernes, 14 de abril de 2017

Enfermedad

-Lo siento, pero su hija no está adaptada para vivir en la sociedad. Ella necesita vivir sola. Sus demonios la han destrozado por dentro. -dijo la doctora mientras se sentaba en la silla, detrás de la mesa, al otro lado de dónde se encontraban los padres de su paciente.
-Ella... ¿eran ciertas esas cosas que veía? ¿No mentía para llamar la atención? -preguntó la madre asombrada.
-Eso era lo que pensaban de ella... Entiendo que al final sus demonios la hayan ahogado en su universo personal. Ella solo quería un poco de cariño, un poco de amor. Pero nada de eso le fue dado. A partir de hoy, ella vivirá aquí. No hay más que hablar. -se levantó y les abrió la puerta.
-Bueno, míremoslo por el lado bueno, un problema menos...
-Tampoco es que la vayamos a echar mucho de menos, apenas salía de su habitación. -acto seguido, cerró la puerta de un portazo.

-Otra niña más, ¡otra niña perdida en su mundo por culpa de unos padres irresponsables! ¡Por culpa de una sociedad de mierda en la cual ella no podía confiar en nadie! Ni siquiera pudo confiar en mí... Yo también tengo parte de culpa...
Después de unos minutos, salió de la sala, en dirección a la habitación dónde se encontraba la niña. Aquella chica de 18 años jamás había crecido, su mente se paró a los 6 años. Al menos en lo que respecta a necesidad mental. Ella necesitaba del cariño que nadie le había dado en esos seis años, necesitaba de alguien que le prestara atención, alguien que la entendiera y que la quisiera. Pero no hubo nadie. Y sus demonios terminaron por atraparla en su mundo mental. Ya no era capaz de conversar con nadie normalmente, solo podía hablar y jugar con ellos. Se la veía tan feliz... y también se la veía dolorosamente sola.

Esa noche, una médica se suicidó. Cansada de tener culpa en las enfermedades de esos niños que acababan viviendo solos en sus propios mundos. Porque a veces, las enfermedades las causan otros. Porque a veces, las enfermedades toman fuerza gracias a otros.

Moraleja: no dejéis a nadie solo, o su mundo será comido por sus demonios interiores.

lunes, 10 de octubre de 2016

Gekokujou (Revolución) - Capítulo 2

-Pequeña, tu padre nos mandó a buscarte. ¡Sal!
-Rin, no deberías gritar. Delatas nuestra posición.
-Que es justo lo que necesitamos. Esa niña está por ahí perdida, Len.-me contesta Rin.
Llevamos quince minutos buscándola. Tengo la garganta destrozada de gritar, aunque apenas he gritado desde que entramos en la zona profunda del bosque, que es donde moran los malhechores. Ya no hay camino que seguir, los árboles nos rodean y no dejan pasar la luz del sol, por lo que vamos en penumbra, aunque tenemos suerte de que aún sea de día. De noche no veríamos más que nuestra nariz.
-Delatas nuestra posición, sí, pero no solo a la niña. También a los ladrones, secuestradores y violadores.
-Eres un miedoso. No se nos echará nadie encima. Nosotros podemos defendernos. Pero, ¿y ella? Ella está sola, Len.
-Ya, pero...
-¿Quién anda ahí?-suena una poderosa voz.
-¡Solo somos dos jóvenes buscando a una niña pequeña para llevársela a su padre!-grita Rin intentando ver entre los árboles.
De entre los arbustos salen seis hombres y mujeres armados con algo que solo habíamos visto en libros: pistolas. Según los mayores, después de la Gran Explosión, volvimos a la Era Edo: todas las armas destruidas y los sabios muertos. Solo quedaron los campesinos y los más humildes, por lo que volvimos atrás en el tiempo.
-¿Cómo tenéis esas pistolas?-pregunto asustado.
-Oh, ¿sabes qué son? Entonces también sabrás que una sola bala puede matarte. Son de unos restos que encontramos. Pero, por ahora, vais a venir con nosotros y os convertiréis en nuestros esclavos.
-¡Jamás serviré a alguien como vosotros, maleantes de pacotilla!
-Oh... Vaya... ¿Qué tenemos aquí? Una preciosa jovencita con aires de grandeza... Tal vez debamos enseñarle modales, ¿no creéis, chicos?
-Modales os enseñaría yo, sucios ladrones.
-¿Quién osa llamar a los Oncers algo tan vulgar como "sucios ladrones"?-dice una voz desde los árboles, sin mostrar su cara.
-Líder Álvaro...
-¿Álvaro? ¿Qué clase de nombre es ese, por Dios?
-Es un nombre que hace mucho que nadie escucha. Fue de un malvado chico que estuvo a punto de conquistar el mundo.
-¿Y eso de Oncers? ¿Qué clase de...?-le tapo la boca inmediatamente.
Oncers. No sé lo que significa, pero no parecen bandidos normales. Hay algo... raro en ellos.
-Comprendo que a unos niños como vosotros no entendáis inglés. Supongo que vuestros mayores jamás os enseñaron y jamás os enseñarán. No quieren que os relacionéis con el pasado. Oncers es el principio a Once upon a time. Es decir, Érase una vez. La frase por la que comenzaban todos los cuentos de hadas.
-¿Y por qué os hacéis llamar así?-pregunto con curiosidad.
-Muy claro. Sabemos que los del pasado aún viven. Buscamos pistas, algo para poder saber dónde...
-¡Eso es imposible! ¡Todos murieron en la Gran Explosión salvo las dos familias!-salta Rin interrumpiendo.
-Ay, pequeña... Me caes bien, tu inocencia y tu ignorancia me resultan graciosas. Yo no soy ni de una ni de otra. ¿Estás diciendo entonces que yo no existo?
-Tú debes ser de alguna de las dos, pero no lo quieres reconocer.-dice Rin cada vez más mosqueada.
-Mi apellido no es ni siquiera japonés. Ah, cierto, no sabéis que sois japoneses.
-¿Japoqué? ¿Qué es eso?-pregunto con curiosidad. Seguramente mis ojos brillan de interés.
-Tenemos un chico curioso y una chica graciosa. Os lo enseñaré. Aprenderéis todo lo que sé. Y podréis cuidar a esa niña que tanto queréis. Pero solo si servís a mi causa. Solo si os convertís en Oncers.
-No me dejaré engatusar por viles ladrones asquerosos.
-A mí me gustaría aprender. ¿Y si tienen razón, Rin? ¿Y si sí que sobrevivió alguien? ¿Y si con ellos conseguimos sabotear los planes de los de verde?
-Sois de los amarillos ¿eh? Nunca estuve de parte de nadie en esa guerra sin sentido, pero sin duda los amarillos me caen mejor. Siempre me ayudaron cuando lo necesitaba. Luego recompensa al canto y desaparecía.
-Espera, ¿¡tú eres el hombre misterioso!?-dice Rin con gran admiración.
-Veo que no te soy desconocido.
-¿Quién no conoce al hombre misterioso? ¡Siempre quise acogerte en mi casa, aunque sabía que era imposible! Y ahora te tengo enfrente.... ¡Por favor, sal y deja que te vea!
-¿Nos acompañaréis y seréis Oncers?
-¡Sí!
-Bien, pues acompañadme.-dice mientras se escuchan pisadas entre los árboles.
Todos los que nos rodeaban nos miran mal, como si hubiésemos hecho algo que no debiéramos, pero aún así nos dejan seguir al llamado Álvaro. Después de unos minutos andando entre los árboles, llegamos ante un claro. En él, todos están alrededor de un chico de unos 17 años o así, moreno, alto, de piel clara, buen cuerpo físico y vestido con ropas oscuras, preparadas para ocultar tantas armas como necesite.
-¡Ah! ¡Por fin volvió Álvaro!-grita una mujer de unos veinti tantos saliendo de entre los arbustos portando una cesta con frutas del bosque.
-¿Álvaro es un chico de 17 años? ¿Él es el Hombre Misterioso?-me pregunta Rin sorprendida.
Yo asiento, mientras miro el gran edificio que se yergue detrás de él.
-Chicos, bienvenidos a La Base. -dice el chico joven acercándose a nosotros.- Aquí viven casi todos los Oncers. Algunos, por supuesto, viven inflitrados en vuestra ciudad. Necesitamos suministros para sobrevivir, por supuesto, y también información.
-Esto es... ¿una ciudad? ¿Dentro de un bosque?
-Así es, chico. Y yo soy Álvaro, por si os lo preguntábais. El líder de esta ciudad. -dice mientras la señala con un notable orgullo.- Venid. Os la enseñaré.
Álvaro se aleja a gran velocidad y Rin me coge de la mano y me lleva con él. Rin camina justo a su lado, mientras que yo observo con curiosidad la ciudad. Nos lleva a un gran mercado, donde cientos de personas venden sus cosechas, lo pescado en la mañana y diversas frutas del bosque en diferentes puestos. Hay bastante gente, paseando, mirando los puestos... Hay parejas jóvenes cogidos de la mano y parejas ancianas que se miran con amor. Aquí nadie parece tener hambre ni sed, nadie parece vivir sin un techo y sin el calor de una casa y una familia. Aquí todo parece felicidad, alegría. Muy diferente a nuestra ciudad.
-¿Toda esta gente tiene casa?-pregunto con admiración.
-Así es. Y a los que llegan nuevos se les arrima el hombro y se construye una casa para ellos. Como lo haremos para la vuestra.
-Sobre eso... Tendríamos que hablarlo en privado.
-De acuerdo, lo hablaremos. Pero por ahora os enseñaré la ciudad miemtras os llevo al centro de operaciones. Allí es donde tratamos temas como por ejemplo, vosotros. Qué haremos con vosotros, qué función tendréis aquí...
-Esto es... Precioso. Se respira paz y tranquilidad.-dice Rin absorta en las sonrisas de los niños jugando, los jóvenes amando, los ancianos andando sonriéndonos al pasar.
-Pero todo no puede ser perfecto. Tiene que haber ladrones y demás.
-No, no los hay. Si ellos están aquí es por una única razón: quieren quedarse aquí. Y para poder quedarse aquí, se necesitan dos cosas: ser Oncer y que nadie intente algo ilegal.
-¿Aquí también tenéis leyes?
-Ay, chico. Ofende que penséis eso. Nosotros somos como cualquier otra ciudad. Bueno, no. Mejor. Porque yo soy el líder.-dice con una sonrisa.
Nos acercamos al final del mercado. Todos los puestos acaban abruptamente, dejando paso a un paisaje devastador, pero a la misma vez esperanzador. Toda aquella parte había sido incendiada. Todo estaba reducido a cenizas, no había ni un edificio en pie. Pero los hombres, en vez de estar desolados ante lo que eran sus casas, están reconstruyéndolas, poco a poco, piedra a piedra.
-¡Álvaro! Hacía tiempo que no te veía.
-Martos, viejo amigo. Supongo que no tener tiempo no deja visitar a los amigos. ¿Qué ha pasado? Cuando me fui todo estaba en orden.
-¿Tuviste una tormenta estos días? Dicen que cayeron varios rayos en las cosechas de la ciudad. Pues La Base tampoco se libró.
Era cierto. Casi todas las cosechas de la ciudad habían sido arrasadas hacía unos días. Claro, solo las únicas cosechas que quedaban en pie desde que empezó la sequía. La lluvia se agradeció. Los rayos no.
-¿Un rayo cayó aquí mientras no estábamos? Dios santo...
-Llegamos a pararlo a tiempo, y entre todos decidimos que el mercado llegara hasta donde comenzaba el desastre, para los que no tuviéramos nada que hacer, pudiéramos reconstruir este lugar. Muchas familias se han quedado sin hogar y es momento de arrimar el hombro.
-¿Todas las familias tienen sitio donde descansar?
-Fred y Joanna están en casa de Louis. Angus y Lucy, los huérfanos, están en mi casa. Los demás se han repartido como hemos podido.
-Algo me da de que esos niños dejarán de ser huérfanos en poco tiempo. Tu mujer les cogerá cariño.
-¿Sofia? Probablemente, sí. Pero no me molestaría. Son unos niños trabajadores y obedientes. Bueno, marcho a trabajar. Me alegra haber charlado contigo, Álvaro.
-Igualmente, Martos.
-¡Suerte con esos dos!-dice gritando mientras se aleja a ayudar a dos jóvenes que intentan alzar una viga de madera.
-Bueno, sigamos. Ya queda poco.
-¿Quién era?-pregunto con curiosidad.
-Un viejo amigo. Llegó aquí de casualidad, le gustó esto y mi historia y decidió convertirse en Oncer.
-Cierto, aún no nos has contado la historia.
-Supongo que hasta que no estemos tranquilos y conozca vuestros nombres no os contaré nada. Bueno, ya estamos muy cerca. ¿Seguimos?
-Sí, vamos. ¡Estoy deseando verlo todo!-dice Rin emocionada.
Recorrimos toda la parte de cenizas y otra buena parte donde las casas estaban decoradas con hermosos balcones llenos de flores y jóvenes mujeres recorrían las calles entre risas en grupo de tres o cuatro. Las casas desaparecieron de nuestros costados y apareció un claro de hierba verde clara, con un gran edificio en medio del claro. Es bastante más alto que los demás y sus paredes están llenas de cristales. Parece casi imposible que se mantenga en pie. Tanto Rin como yo nos quedamos embobados mirando tal milagro de la construcción.
-Aún podéis volver. Si entráis ahí, no volveréis atrás nunca. Seréis Oncers. ¿Estáis dispuestos a servir a esta organización? Si es así, entrad. Si no, marchaos por donde habéis venido.-dice Álvaro entrando por una puerta de cristal que se abre como por arte de magia.

Rin me mira. Yo la miro. No hay vuelta atrás. Asentimos. Y entramos como Álvaro lo ha hecho. Ya somos Oncers de pleno derecho.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Diario de Isabel #3

¡Hola chicos! ¿Qué tal lleváis esta semanita? Espero que bien n.n Bueno, como siempre, voy a comentar algunas cosillas. Acabo de subir un miniminiminimini one-shot llamado "El suelo". Os recomiendo que lo escuchéis con la canción Storm de Ruelle, porque yo la escribí con esa canción y os aseguro que aunque la letra no tenga nada que ver... Queda mágico xD Bueno, bueno, también que ya llevo una semanita en la Universidad y por ahora me va bastante bien. He hecho muchos amiguis y aparte sigo con mi mejor amiga, así que estoy feliz de la vida. Me encanta hablar con mi amiga de Israel que también me ayuda mucho cuando estoy así así y ¡también tiene un blog! Por si os queréis pasar La hora del té con Cami ;) Ahora algunas cosillas sobre las historias:

Comentarios acerca de las historias:

ENTRE BAILES DE SALÓN SERÁ DETENIDA
El por qué es bastante simple. Esta historia iba a ser escrita mientras yo aprendía bailes de salón. Dado que finalmente no voy a aprender, la dejaré detenida, aunque en vacaciones la reanudaré, porque tengo escrito toda la historia y demás, así que sin problemas n.n

GEKOKUJOU (REVOLUCIÓN) SE SUBIRÁ UN CAP CADA MES
Como dice el título, se subirá un cap cada mes hasta llegar a la última actualización en Wattpad o hasta donde yo haya escrito. Es una historia a la que le dedico gran parte de mi tiempo y cariño, así que quiero asegurarme de que todo estará bien con ella. Quiero estar orgullosa de ella, así que lo haré con esa lentitud. Lo siento, chicos ;P

BARAJA DE CARTAS TAMBIÉN SERÁ DETENIDA
Esta historia tiene personajes creados por mis amigos, por lo que me cuesta hacerla sin más ni más. Aún tengo que poner en orden y sentir cada personaje como mío, así que seguiré con ella en el próximo verano.

CREA TU PROPIA AVENTURA, ¿HABRÁ MÁS?
Ciertamente, me gustó cómo quedó el primer "Crea tu propia aventura" y quiero hacer más, pero esta vez quisiera hacerlos más largos y mejor hechos, así que tendrán que esperar a las aburridas clases en las que no hagamos nada o a las horas perdidas.

EVA Y SORAYA, LAS DESCONOCIDAS
Para los que no se fijen en las etiquetas, no sabrán de quién estoy hablando. Con Eva y Soraya me refiero a aquel One-shot de amor homosexual que hice. Sinceramente, creo que haré más One-shot acerca de estas chicas, pero siempre contando algo "diferente". Ya veréis a lo que me refiero en cada capítulo.

????????
Este es un nuevo proyecto que tengo marcado, y que hasta que no esté finalizado no lo subiré. La historia creo que os gustará y demás, pero no adelantaré nada más excepto que ya tengo el primer capítulo y muchas ganas de seguirlo. También tengo otro proyecto de reescritura, pero ese lo dejaré para más adelante.

Y con esto y un bizcocho... ¡Está explicado todo! Un beso muy grande para todos los que me leéis y hasta la próxima entrega ;)

El suelo - Oneshot

Hola, soy ese suelo que sueles pisar sin fijarte. Hace tiempo que quiero contarle al mundo como me siento. Soy pisoteado día y noche, sin parar ni un solo día, pero eso no me molesta. Al fin y al cabo, fui creado para eso. Pero yo he visto como sois los humanos. He visto historias de amor, de amistad, de traición y de odio. Y eso es lo que me molesta. Cuando veo a dos personas correr para abrazarse y tirarse a mí porque no les importa lo que los demás piensen, porque son felices de encontrarse... Dios, eso es maravilloso. Pero cuando una pareja tira al suelo objetos mientras grita... Eso me hace daño. ¿Por qué os empeñáis en pelear? Yo estoy dividido en miles de países, cientos de océanos, lagos y ríos. En cada planta de cada piso sigo estando ahí, dividido por cada casa. Y echo de menos a todas aquellas partes a las que ya no puedo alcanzar o que han muerto víctimas de los incendios. ¿Por qué os empeñáis entonces vosotros a estar separados por una pelea? Cuando llueve, yo vuelvo a ser fértil, olvido el dolor pasado y vuelvo a renacer. ¿Por qué a los humanos no os pasa? ¿Por qué, aunque os llueve todos los días y en el momento en el que queráis no sois capaces de olvidar el dolor y seguir estando juntos? Odio cuando os hacéis daños los unos a los otros, sois el mismo, ¿no lo veis? Yo necesito presenciar más actos de amor y de apoyo que de odio. Necesito ver más protestas por cosas injustas, más pedidas de matrimonio, más tiradas al suelo en un abrazo. Necesito ver menos armas en el mundo, menos balas, menos sangre siendo derramada sobre mí. ¿Y ese dolor que creáis en los otros? ¿Por qué jamás os paráis a pensar en eso? Es solo algo que quería compartir. Es algo que quiero exigir. Ya que me pisáis todos los días y me hacéis daño, ¿por qué no hacéis al menos esto que os pido? Quiero no ser bañada por más sangre y quiero que la gente se tire a mí feliz.

martes, 20 de septiembre de 2016

Gekokujou (Revolución) - Capítulo 1

-Estoy en posición.-le digo a Len a través de uno de los pocos walkies que sobrevivieron a La Gran Explosión.
Mi posición es al lado de La Cueva. No sé por qué le dicen La Cueva cuando realmente es un túnel. Aunque bueno, muy poca gente sabe que es un túnel. Supongo que será por eso.
-Rin, cuando quieras.-me responde Len.
Salgo de mi escondite. Cojo una granada y la lanzo. Uno de los niños la coje. Sale Len del otro lado y lanza unas cuantas. Los niños las cojen con ilusión y esperanza, y tardan muy poco en acercarse.
-¡Rin se han acabado las granadas! ¿Empezamos con las uvas?
-¡Sí, por supuesto!- digo con una amplia sonrisa.
Hace unas semanas que comenzamos a repartir fruta a los niños a causa de la sequía que acosaba a ambas familias. Los niños nos lo agradecen con las caras manchadas de felicidad y los padres nos miran agradecidos. De repente, los vemos. Son varios, y todos vienen armados con palos y porras. Los niños corren y gritan. Los padres corren con sus hijos. Len y yo nos vamos a La Cueva, no nos pueden pillar. Pasamos por un recoveco y llegamos al otro lado. No sabemos qué le han pasado a los niños.
-Otra vez ellos. ¡Estoy cansada de huir de los verdes!
-Ya lo sé, Rin.
Le miro. Tiene el pelo recogido en una pequeña coleta, como siempre, aunque las raíces están mojadas a causa del sudor. Sus ojos azules inspeccionan La Cueva, vigilando que nadie llegue.
-¿Tienes miedo de que entre algún verde? Este sitio solo lo conocemos nosotros.
-Ya lo sé, pero... ¿Y si...?
-Y si nada. Voy a ver si se han marchado para que podamos volver.
-Rin, te van a pillar.
-En lo que llevo de año lo has dicho unas... ¿500 veces? Y nunca me han pillado. Ni siquiera cuando espiamos a los verdes.
-Lo sé, pero me preocupo por ti. Si te pasa algo... Madre y padre ya no están, ¿recuerdas? Eres la única familia que me queda.
-Len, no digas eso. Todos los Kagamine son tu familia. Nuestra familia. Bueno, voy a ver.-digo mientras me marcho para ver si están.
Al salir, lo único que veo son un par de cuerpos tendidos en el suelo, sangrando y a punto de morir. Vuelvo a por Len y lo saco sin decirle nada. Él sabrá curarlos. Estoy segura.
-Len, ayúdalos. Yo no sé qué hacer.
-Mi... Hija... Bosque... Buscar... Cuidar...-dice incorporándose.
-Shhhhh, ahora debe aguantar un poco, no debería hablar.-dice Len apartando la mano que el joven había levantado hacia nosotros y tumbándolo en el suelo de nuevo.
-Yo... Morir... Vosotros... Buscar... Hija... Bosque...-dice con un último suspiro.
Cuando nos acercamos al otro cuerpo, ya está muerto.
-Rin, han muerto dos personas por nuestra culpa. No creo que debamos...
-Vamos al bosque.-digo poniéndome en camino.
-Pero, ¿tú sabes lo peligroso que es el bosque?
-Claro que lo sé, Len. Pero es aún mucho más peligroso para una niña. Tenemos que ir a buscarla.

-D-De acuerdo...-dice Len no muy convencido.

Entre bailes de salón - Capítulo 1: Vals de conexión

Esto no podía ser real. No podía ser cierto. Estaba sucediendo. Estaba recogiendo la habitación porque iba a venir ese dichoso profesor particular… Una vez terminada la tarea de recoger, se dio cuenta de que la habitación era más espaciosa de lo que recordaba. Alguien llamó a la puerta de la casa. Ya estaba aquí.
-¡Dante, tu profesor particular ya está aquí! –dijo su madre avisándolo para que bajara a recibirlo.
-Ya voooooy…. –contestó desganado.
Bajó lentamente los escalones y abrió la puerta para ver quién se encontraba tras de ella. Se trataba de un hombre de unos treinta y pocos, más alto que él pero no mucho y con una sonrisa en el rostro.
-Tú debes de ser Dante. Yo soy Frederich.
-El mismo que viste y calza… Pase. –le dejó pasar- Por aquí, le enseñaré mi habitación y el cuarto de baño. –dijo mientras lo guiaba por su casa subiendo los escalones.
-Con que esta es tu habitación, ¿eh? Tu hermana la describió más… desordenada. –dijo echándole un vistazo.
-Sí, bueno, he recogido un poco. No se acostumbre.
-Sé que no me quieres tener aquí, Dante, pero estoy aquí para enseñarte y ayudarte, no para entrometerme en tu vida privada.
-Ya, claro. Está aquí porque quiere sacarle el dinero a mi madre a través de las clases de baile.
-Claro, piensa que es por eso si así te sientes mejor. ¿Empezamos?
***
Tras una hora y media, el profesor comenzó a recoger sus cosas y a echar un vistazo a la ropa de Dante.
-¿Se puede saber qué hace?
-Tu madre me ha dicho que aún no le había dado tiempo a comprarte ropa adecuada para las clases, así que cogeremos algo de tu armario que sirva.
-¿Y por qué lo escoge ahora? No empiezo hasta la semana que viene. O algo así me dijo mi madre.
-Sí, eso te dijo tu madre. Hace una semana. Empiezas hoy, al igual que con las clases particulares.
-… Espere… ¿Qué?
-Que vayas recogiendo, nos vamos a tu primera clase de baile de salón.
-Debe de ser una broma. Esto es una broma. ¿A que sí?
-Para nada, vamos, levanta. No hagas esto más difícil. A Bea no le sentará bien que uno de los nuevos llegue tarde el primer día de clase.
-¿Bea? ¿En serio? ¿Y quién demonios es esa?
-Tu profesora de baile de salón. Venga, vamos. Ponte esto. –tiró a la cama unos vaqueros negros y una camiseta negra. –Al menos así no se enfadará mucho… Vamos.
-Espera un momento, tengo que llamar a unos amigos.
-No tardes mucho, estaré abajo. –dijo mientras salía de la habitación.
Dante llamó a Adam y lo puso en manos libres mientras se iba cambiando.
-Hey, ¿qué pasa?
-No voy a poder ir.
-¿Qué? Venga ya, no nos puedes hacer esto.
-Hoy. Comienzo.
-No me jodas. ¿Justo hoy? ¿Pero no dijiste que en una semana?
-Sí, eso te lo dije la semana pasada.
-Pues vaya mierda… ¿Y ahora qué hacemos?
-No lo sé. Intentaré que me echen e iré para allá lo antes posible.
-¿Pero podrás seguro?
Dante se quedó unos segundos pensando.
-Claro, tío. ¿Con quién crees que estás hablando? –sonrió ampliamente.
-Vale, intentaré conseguirte algo de tiempo. No me falles, Dante.
-No te fallaré. –colgó y bajó las escaleras rápidamente.- Ya estoy listo. ¿Nos vamos?
-¿Y esas prisas de pronto?
-No quiero llegar tarde a mi primer día. –sonrió de mala gana y se montó en el coche.- Mientras antes nos vayamos antes me iré…
***
Una vez allí, Frederich lo guió hasta una sala con más alumnos y se fue a otra habitación. Segundos más tardes, llegó una mujer joven, veintipocos, pelo negro como el azabache y unos lindos ojos azules. Llevaba el pelo recogido en una trenza con algunos mechones suelto y su piel pálida era resaltada por éstos. Vestía un vestido negro. Color liso, falda corta y con una manga larga y la otra una tiranta. Sonreía tranquila. Las demás chicas vestían vestidos parecidos al suyo y los chicos iban enchaquetados. Espera, ¿enchaquetados? No podía estar sucediéndole. No a él. ¿Tendría que llevar traje?
-Bueno, hoy tenemos entre nosotros a un nuevo compañero de baile. ¿Quieres presentarte?
-Eh… Bueno. Soy Dante Lianel. Vengo aquí por obligación de mi madre. Esto en verdad me parece una tontería…
La profesora alzó una ceja.
-¿Una tontería?
-Ajá. Si niños tan pequeños pueden hacerlo, yo también sería capaz.
-¿Crees que serías capaz de seguirme el ritmo en un Vals inglés?
-Creo que sí. –dijo desafiándola.
-Está bien. Clase, hoy iremos a la clase de al lado con Frederich y os haremos una pequeña demostración de Vals inglés. Así podréis ir viendo lo que aprenderéis en un año o dos.
La clase estaba entusiasmada. Todo salieron en tropel hacia el aula de Frederich, pero nadie entró. La profesora llamó a la puerta.
-Hola, Freddie, siento molestar en tu clase.
-No te preocupes, pasad. ¿Algún niño rebelde? –dijo refiriéndose a Dante.
-Sí, ni más ni menos. Cree que me podría seguir en un Vals inglés, así que me preguntaba…
-¿Si podríamos hacerles una demostración de lo que es realmente un Vals inglés bailado por profesionales? Claro, por supuesto. Sabes que me encanta. –dijo con una enorme sonrisa.- Además me vendrá de maravilla para la clase, justo hoy empezábamos con los vals.
-Bien, poneos todos al final de la clase, por favor.
-Jimmy, ¿podrías poner el disco que pone “Vals inglés0”?
-Claro, profesor. –el chico lo hizo tal y como le mandó.
Ambos se pusieron en una postura que a Dante le resultaba extraña e incómoda. Cuando empezó a sonar la música, ambos profesores se movían como si fueran uno. Sus pies estaban muy cerca el uno del otro, pero no se pisaban ninguna vez. Iban a una velocidad impresionante y en pocos segundos habían recorrido la sala un par de veces. A ambos se les veía disfrutar de aquel baile y Dante se quedó hipnotizado de aquellos pasos tan justos y precisos y de cómo la profesora sabía qué debía hacer en cada momento. Desde ese mismo segundo, se enamoró perdidamente de su profesora de baile de salón.
***
Una vez terminada la demostración y la clase, en la cual Dante se había esforzado para dar lo mejor de sí, se acordó de Adam y del partido. Corrió hacia el campo, pero cuando llegó, no había nadie. Tenía varias llamadas perdidas de Adam y una quincena de Whatsapps. Dante llamó a Adam, pero puso el teléfono lejos de su oído. En cuanto contestó, se escucharon gritos provenientes del otro lado de la línea.
-¡Eres un hijo de puta, Dante! ¡Sabías que este partido era importante! ¡Si me hubieras dicho que no estabas seguro, habríamos llamado a Oliver! Pero nooooo, Dante puede hacerlo. ¡Pues no te hemos visto! ¡Por tu culpa nos hemos quedado fuera de la competición y nos han penalizado!
-Tranquilízate, tío, no tengo el móvil en la oreja y te escucho perfectamente…
-¿Que me relaje? ¿¡Que me relaje!? Tío, Dante, excepto tus cosas no valoras nada una mierda. No nos dejan jugar durante un año entero. ¿Sabes qué voy a hacer durante un año entero? Soportar a mis padres. Y ya sabes cómo son. Tío, esta vez la has cagado pero bien. Olvídame, ¿sí?

-Hey, Adam, espe... –Adam ya había colgado.- Sabía a lo que me enfrentaba, pero aún así… Tampoco es taaaan grave, ¿no? –dijo mientras empezaba a irse a casa.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Soy un... monstruo...

   Cuando nací, nadie quería que yo llegase. Mis padres pensaban que me habían tenido demasiado jóvenes, mis abuelos no estaban de acuerdo con tener un yerno y una nuera como lo eran mis padres. Hasta a los médicos les pareció un fastidio que yo tuviera que nacer en ese momento. Lo noté en sus miradas, en sus suspiros, en las palabras que intercambiaban. Quizás ellos pensaban que no entendía nada, pero no era así.
   Mientras iba creciendo, iba viendo más caras como aquellas. Las caras de los vecinos al yo despertarlos por mis lloros. Las caras de mis profesores al verme cada día. Las palabras de burla que decían mis compañeros al conocerme. Nadie hacía nada para evitarlo, yo tampoco hacía nada.
   Cuando entré en primaria, yo ya estaba acostumbrado a eso. Ya no miraba los rostros, ya no miraba nada. Simplemente dibujaba, pero todas las miradas me parecían iguales. Nadie jamás me miró de otro modo, así que no sabía dibujar otra mirada.
   Entré en la ESO sin tener ningún amigo, tampoco lo necesitaba. Siempre estuve solo, no tuve apenas contacto con la gente de mi clase. Todos me sentían como un intruso en aquel mundo. Jamás me pregunté el por qué. ¿Eso acaso cambiaría algo? No, claro que no.
   El bachillerato se me pasó en un abrir y cerrar de ojos. Mi almohada ya iba notando algunos síntomas, aunque yo jamás me di cuenta hasta que fue demasiado tarde. Sacaba buenas notas en todo, pero aún así los profesores me veían como un fastidio. ¿Quizás era por mi nula atención en las clases? No lo sé, simplemente no me apetecía pensar en eso.
   La Universidad resultó ser una gracia amarga. Yo empezaba a darme cuenta, pero me negaba a creerlo. Estudié lo que querían mis padres, yo no había encontrado aquello que me gustara. Allí la gente me veía diferente. No como si fuera una molestia, sino como si fuera alguien raro. Alguien distinto. Y aprendí a dibujar otro tipo de mirada.
   Cuando terminé la carrera, me vi solo y sin camino decidido. Mis padres me echaron de casa, no podían aguantarme ya. Supongo que ya no me soportaban. No soportaban esa pasividad que tenía dentro de mí ante todo lo que me habían hecho.
   Sentado en mi casa, debajo de un puente, había muchos mirándome. Era el nuevo, y era un fastidio tener que alimentar a alguien más. Yo rehusaba las comidas. Más de una vez me senté al borde de la orilla y me quedé mirando el fondo del río. Cualquiera que cayera allí podría morir ahogado por la corriente que había.
   Un día, una chica se acercó a mí. Me miraba diferente a los demás y creo que, por primera vez en mi vida, sonreí levemente. Sin embargo, al ver aquello, todos los que me odiaban le cogieron tirria y comenzaron a apartarla de ellos también. Ella se encontraba sola. Un día sonreí para mí mismo al pensar en lo que haría aquel día. Yo sabía bien que ella no me quería, así que decidí alejarla de mí. En cuanto la vi aquel día, la besé. Ella me golpeó y se marchó, sorprendida. Sabía que ya no volvería a ir a verme, que ya me odiaría y los suyos la acogerían de nuevo entre ellos.
   Ese día, volví a mirar el agua del río. Y quise tocarla. Mi almohada había notado primero mis lágrimas, luego que ya no podía dormir. Yo sabía que mi cuerpo no estaba bien. Que yo no era una persona normal. Era una persona odiada por todos. Sentí el agua alrededor de todo mi cuerpo.
   Cuando sentí salir de mi cuerpo, vi que nadie prestaba atención a ese cuerpo ahogado que acabó en el mar. Jamás nadie me recordaría. Sentí que era ascendido, aunque no sabía a dónde. Escuché una voz retumbar en mi cabeza.
   -Niño maldito, niño odiado por todos. Dos cosas pudiste hacer matar o morir. Ahora, podrás descansar en paz y amor.
   Cerré mis ojos y desaparecí de toda dimensión. Dejé de existir. Justo como todos ellos querían.