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martes, 20 de septiembre de 2016

Entre bailes de salón - Capítulo 1: Vals de conexión

Esto no podía ser real. No podía ser cierto. Estaba sucediendo. Estaba recogiendo la habitación porque iba a venir ese dichoso profesor particular… Una vez terminada la tarea de recoger, se dio cuenta de que la habitación era más espaciosa de lo que recordaba. Alguien llamó a la puerta de la casa. Ya estaba aquí.
-¡Dante, tu profesor particular ya está aquí! –dijo su madre avisándolo para que bajara a recibirlo.
-Ya voooooy…. –contestó desganado.
Bajó lentamente los escalones y abrió la puerta para ver quién se encontraba tras de ella. Se trataba de un hombre de unos treinta y pocos, más alto que él pero no mucho y con una sonrisa en el rostro.
-Tú debes de ser Dante. Yo soy Frederich.
-El mismo que viste y calza… Pase. –le dejó pasar- Por aquí, le enseñaré mi habitación y el cuarto de baño. –dijo mientras lo guiaba por su casa subiendo los escalones.
-Con que esta es tu habitación, ¿eh? Tu hermana la describió más… desordenada. –dijo echándole un vistazo.
-Sí, bueno, he recogido un poco. No se acostumbre.
-Sé que no me quieres tener aquí, Dante, pero estoy aquí para enseñarte y ayudarte, no para entrometerme en tu vida privada.
-Ya, claro. Está aquí porque quiere sacarle el dinero a mi madre a través de las clases de baile.
-Claro, piensa que es por eso si así te sientes mejor. ¿Empezamos?
***
Tras una hora y media, el profesor comenzó a recoger sus cosas y a echar un vistazo a la ropa de Dante.
-¿Se puede saber qué hace?
-Tu madre me ha dicho que aún no le había dado tiempo a comprarte ropa adecuada para las clases, así que cogeremos algo de tu armario que sirva.
-¿Y por qué lo escoge ahora? No empiezo hasta la semana que viene. O algo así me dijo mi madre.
-Sí, eso te dijo tu madre. Hace una semana. Empiezas hoy, al igual que con las clases particulares.
-… Espere… ¿Qué?
-Que vayas recogiendo, nos vamos a tu primera clase de baile de salón.
-Debe de ser una broma. Esto es una broma. ¿A que sí?
-Para nada, vamos, levanta. No hagas esto más difícil. A Bea no le sentará bien que uno de los nuevos llegue tarde el primer día de clase.
-¿Bea? ¿En serio? ¿Y quién demonios es esa?
-Tu profesora de baile de salón. Venga, vamos. Ponte esto. –tiró a la cama unos vaqueros negros y una camiseta negra. –Al menos así no se enfadará mucho… Vamos.
-Espera un momento, tengo que llamar a unos amigos.
-No tardes mucho, estaré abajo. –dijo mientras salía de la habitación.
Dante llamó a Adam y lo puso en manos libres mientras se iba cambiando.
-Hey, ¿qué pasa?
-No voy a poder ir.
-¿Qué? Venga ya, no nos puedes hacer esto.
-Hoy. Comienzo.
-No me jodas. ¿Justo hoy? ¿Pero no dijiste que en una semana?
-Sí, eso te lo dije la semana pasada.
-Pues vaya mierda… ¿Y ahora qué hacemos?
-No lo sé. Intentaré que me echen e iré para allá lo antes posible.
-¿Pero podrás seguro?
Dante se quedó unos segundos pensando.
-Claro, tío. ¿Con quién crees que estás hablando? –sonrió ampliamente.
-Vale, intentaré conseguirte algo de tiempo. No me falles, Dante.
-No te fallaré. –colgó y bajó las escaleras rápidamente.- Ya estoy listo. ¿Nos vamos?
-¿Y esas prisas de pronto?
-No quiero llegar tarde a mi primer día. –sonrió de mala gana y se montó en el coche.- Mientras antes nos vayamos antes me iré…
***
Una vez allí, Frederich lo guió hasta una sala con más alumnos y se fue a otra habitación. Segundos más tardes, llegó una mujer joven, veintipocos, pelo negro como el azabache y unos lindos ojos azules. Llevaba el pelo recogido en una trenza con algunos mechones suelto y su piel pálida era resaltada por éstos. Vestía un vestido negro. Color liso, falda corta y con una manga larga y la otra una tiranta. Sonreía tranquila. Las demás chicas vestían vestidos parecidos al suyo y los chicos iban enchaquetados. Espera, ¿enchaquetados? No podía estar sucediéndole. No a él. ¿Tendría que llevar traje?
-Bueno, hoy tenemos entre nosotros a un nuevo compañero de baile. ¿Quieres presentarte?
-Eh… Bueno. Soy Dante Lianel. Vengo aquí por obligación de mi madre. Esto en verdad me parece una tontería…
La profesora alzó una ceja.
-¿Una tontería?
-Ajá. Si niños tan pequeños pueden hacerlo, yo también sería capaz.
-¿Crees que serías capaz de seguirme el ritmo en un Vals inglés?
-Creo que sí. –dijo desafiándola.
-Está bien. Clase, hoy iremos a la clase de al lado con Frederich y os haremos una pequeña demostración de Vals inglés. Así podréis ir viendo lo que aprenderéis en un año o dos.
La clase estaba entusiasmada. Todo salieron en tropel hacia el aula de Frederich, pero nadie entró. La profesora llamó a la puerta.
-Hola, Freddie, siento molestar en tu clase.
-No te preocupes, pasad. ¿Algún niño rebelde? –dijo refiriéndose a Dante.
-Sí, ni más ni menos. Cree que me podría seguir en un Vals inglés, así que me preguntaba…
-¿Si podríamos hacerles una demostración de lo que es realmente un Vals inglés bailado por profesionales? Claro, por supuesto. Sabes que me encanta. –dijo con una enorme sonrisa.- Además me vendrá de maravilla para la clase, justo hoy empezábamos con los vals.
-Bien, poneos todos al final de la clase, por favor.
-Jimmy, ¿podrías poner el disco que pone “Vals inglés0”?
-Claro, profesor. –el chico lo hizo tal y como le mandó.
Ambos se pusieron en una postura que a Dante le resultaba extraña e incómoda. Cuando empezó a sonar la música, ambos profesores se movían como si fueran uno. Sus pies estaban muy cerca el uno del otro, pero no se pisaban ninguna vez. Iban a una velocidad impresionante y en pocos segundos habían recorrido la sala un par de veces. A ambos se les veía disfrutar de aquel baile y Dante se quedó hipnotizado de aquellos pasos tan justos y precisos y de cómo la profesora sabía qué debía hacer en cada momento. Desde ese mismo segundo, se enamoró perdidamente de su profesora de baile de salón.
***
Una vez terminada la demostración y la clase, en la cual Dante se había esforzado para dar lo mejor de sí, se acordó de Adam y del partido. Corrió hacia el campo, pero cuando llegó, no había nadie. Tenía varias llamadas perdidas de Adam y una quincena de Whatsapps. Dante llamó a Adam, pero puso el teléfono lejos de su oído. En cuanto contestó, se escucharon gritos provenientes del otro lado de la línea.
-¡Eres un hijo de puta, Dante! ¡Sabías que este partido era importante! ¡Si me hubieras dicho que no estabas seguro, habríamos llamado a Oliver! Pero nooooo, Dante puede hacerlo. ¡Pues no te hemos visto! ¡Por tu culpa nos hemos quedado fuera de la competición y nos han penalizado!
-Tranquilízate, tío, no tengo el móvil en la oreja y te escucho perfectamente…
-¿Que me relaje? ¿¡Que me relaje!? Tío, Dante, excepto tus cosas no valoras nada una mierda. No nos dejan jugar durante un año entero. ¿Sabes qué voy a hacer durante un año entero? Soportar a mis padres. Y ya sabes cómo son. Tío, esta vez la has cagado pero bien. Olvídame, ¿sí?

-Hey, Adam, espe... –Adam ya había colgado.- Sabía a lo que me enfrentaba, pero aún así… Tampoco es taaaan grave, ¿no? –dijo mientras empezaba a irse a casa.

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