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lunes, 10 de octubre de 2016

Gekokujou (Revolución) - Capítulo 2

-Pequeña, tu padre nos mandó a buscarte. ¡Sal!
-Rin, no deberías gritar. Delatas nuestra posición.
-Que es justo lo que necesitamos. Esa niña está por ahí perdida, Len.-me contesta Rin.
Llevamos quince minutos buscándola. Tengo la garganta destrozada de gritar, aunque apenas he gritado desde que entramos en la zona profunda del bosque, que es donde moran los malhechores. Ya no hay camino que seguir, los árboles nos rodean y no dejan pasar la luz del sol, por lo que vamos en penumbra, aunque tenemos suerte de que aún sea de día. De noche no veríamos más que nuestra nariz.
-Delatas nuestra posición, sí, pero no solo a la niña. También a los ladrones, secuestradores y violadores.
-Eres un miedoso. No se nos echará nadie encima. Nosotros podemos defendernos. Pero, ¿y ella? Ella está sola, Len.
-Ya, pero...
-¿Quién anda ahí?-suena una poderosa voz.
-¡Solo somos dos jóvenes buscando a una niña pequeña para llevársela a su padre!-grita Rin intentando ver entre los árboles.
De entre los arbustos salen seis hombres y mujeres armados con algo que solo habíamos visto en libros: pistolas. Según los mayores, después de la Gran Explosión, volvimos a la Era Edo: todas las armas destruidas y los sabios muertos. Solo quedaron los campesinos y los más humildes, por lo que volvimos atrás en el tiempo.
-¿Cómo tenéis esas pistolas?-pregunto asustado.
-Oh, ¿sabes qué son? Entonces también sabrás que una sola bala puede matarte. Son de unos restos que encontramos. Pero, por ahora, vais a venir con nosotros y os convertiréis en nuestros esclavos.
-¡Jamás serviré a alguien como vosotros, maleantes de pacotilla!
-Oh... Vaya... ¿Qué tenemos aquí? Una preciosa jovencita con aires de grandeza... Tal vez debamos enseñarle modales, ¿no creéis, chicos?
-Modales os enseñaría yo, sucios ladrones.
-¿Quién osa llamar a los Oncers algo tan vulgar como "sucios ladrones"?-dice una voz desde los árboles, sin mostrar su cara.
-Líder Álvaro...
-¿Álvaro? ¿Qué clase de nombre es ese, por Dios?
-Es un nombre que hace mucho que nadie escucha. Fue de un malvado chico que estuvo a punto de conquistar el mundo.
-¿Y eso de Oncers? ¿Qué clase de...?-le tapo la boca inmediatamente.
Oncers. No sé lo que significa, pero no parecen bandidos normales. Hay algo... raro en ellos.
-Comprendo que a unos niños como vosotros no entendáis inglés. Supongo que vuestros mayores jamás os enseñaron y jamás os enseñarán. No quieren que os relacionéis con el pasado. Oncers es el principio a Once upon a time. Es decir, Érase una vez. La frase por la que comenzaban todos los cuentos de hadas.
-¿Y por qué os hacéis llamar así?-pregunto con curiosidad.
-Muy claro. Sabemos que los del pasado aún viven. Buscamos pistas, algo para poder saber dónde...
-¡Eso es imposible! ¡Todos murieron en la Gran Explosión salvo las dos familias!-salta Rin interrumpiendo.
-Ay, pequeña... Me caes bien, tu inocencia y tu ignorancia me resultan graciosas. Yo no soy ni de una ni de otra. ¿Estás diciendo entonces que yo no existo?
-Tú debes ser de alguna de las dos, pero no lo quieres reconocer.-dice Rin cada vez más mosqueada.
-Mi apellido no es ni siquiera japonés. Ah, cierto, no sabéis que sois japoneses.
-¿Japoqué? ¿Qué es eso?-pregunto con curiosidad. Seguramente mis ojos brillan de interés.
-Tenemos un chico curioso y una chica graciosa. Os lo enseñaré. Aprenderéis todo lo que sé. Y podréis cuidar a esa niña que tanto queréis. Pero solo si servís a mi causa. Solo si os convertís en Oncers.
-No me dejaré engatusar por viles ladrones asquerosos.
-A mí me gustaría aprender. ¿Y si tienen razón, Rin? ¿Y si sí que sobrevivió alguien? ¿Y si con ellos conseguimos sabotear los planes de los de verde?
-Sois de los amarillos ¿eh? Nunca estuve de parte de nadie en esa guerra sin sentido, pero sin duda los amarillos me caen mejor. Siempre me ayudaron cuando lo necesitaba. Luego recompensa al canto y desaparecía.
-Espera, ¿¡tú eres el hombre misterioso!?-dice Rin con gran admiración.
-Veo que no te soy desconocido.
-¿Quién no conoce al hombre misterioso? ¡Siempre quise acogerte en mi casa, aunque sabía que era imposible! Y ahora te tengo enfrente.... ¡Por favor, sal y deja que te vea!
-¿Nos acompañaréis y seréis Oncers?
-¡Sí!
-Bien, pues acompañadme.-dice mientras se escuchan pisadas entre los árboles.
Todos los que nos rodeaban nos miran mal, como si hubiésemos hecho algo que no debiéramos, pero aún así nos dejan seguir al llamado Álvaro. Después de unos minutos andando entre los árboles, llegamos ante un claro. En él, todos están alrededor de un chico de unos 17 años o así, moreno, alto, de piel clara, buen cuerpo físico y vestido con ropas oscuras, preparadas para ocultar tantas armas como necesite.
-¡Ah! ¡Por fin volvió Álvaro!-grita una mujer de unos veinti tantos saliendo de entre los arbustos portando una cesta con frutas del bosque.
-¿Álvaro es un chico de 17 años? ¿Él es el Hombre Misterioso?-me pregunta Rin sorprendida.
Yo asiento, mientras miro el gran edificio que se yergue detrás de él.
-Chicos, bienvenidos a La Base. -dice el chico joven acercándose a nosotros.- Aquí viven casi todos los Oncers. Algunos, por supuesto, viven inflitrados en vuestra ciudad. Necesitamos suministros para sobrevivir, por supuesto, y también información.
-Esto es... ¿una ciudad? ¿Dentro de un bosque?
-Así es, chico. Y yo soy Álvaro, por si os lo preguntábais. El líder de esta ciudad. -dice mientras la señala con un notable orgullo.- Venid. Os la enseñaré.
Álvaro se aleja a gran velocidad y Rin me coge de la mano y me lleva con él. Rin camina justo a su lado, mientras que yo observo con curiosidad la ciudad. Nos lleva a un gran mercado, donde cientos de personas venden sus cosechas, lo pescado en la mañana y diversas frutas del bosque en diferentes puestos. Hay bastante gente, paseando, mirando los puestos... Hay parejas jóvenes cogidos de la mano y parejas ancianas que se miran con amor. Aquí nadie parece tener hambre ni sed, nadie parece vivir sin un techo y sin el calor de una casa y una familia. Aquí todo parece felicidad, alegría. Muy diferente a nuestra ciudad.
-¿Toda esta gente tiene casa?-pregunto con admiración.
-Así es. Y a los que llegan nuevos se les arrima el hombro y se construye una casa para ellos. Como lo haremos para la vuestra.
-Sobre eso... Tendríamos que hablarlo en privado.
-De acuerdo, lo hablaremos. Pero por ahora os enseñaré la ciudad miemtras os llevo al centro de operaciones. Allí es donde tratamos temas como por ejemplo, vosotros. Qué haremos con vosotros, qué función tendréis aquí...
-Esto es... Precioso. Se respira paz y tranquilidad.-dice Rin absorta en las sonrisas de los niños jugando, los jóvenes amando, los ancianos andando sonriéndonos al pasar.
-Pero todo no puede ser perfecto. Tiene que haber ladrones y demás.
-No, no los hay. Si ellos están aquí es por una única razón: quieren quedarse aquí. Y para poder quedarse aquí, se necesitan dos cosas: ser Oncer y que nadie intente algo ilegal.
-¿Aquí también tenéis leyes?
-Ay, chico. Ofende que penséis eso. Nosotros somos como cualquier otra ciudad. Bueno, no. Mejor. Porque yo soy el líder.-dice con una sonrisa.
Nos acercamos al final del mercado. Todos los puestos acaban abruptamente, dejando paso a un paisaje devastador, pero a la misma vez esperanzador. Toda aquella parte había sido incendiada. Todo estaba reducido a cenizas, no había ni un edificio en pie. Pero los hombres, en vez de estar desolados ante lo que eran sus casas, están reconstruyéndolas, poco a poco, piedra a piedra.
-¡Álvaro! Hacía tiempo que no te veía.
-Martos, viejo amigo. Supongo que no tener tiempo no deja visitar a los amigos. ¿Qué ha pasado? Cuando me fui todo estaba en orden.
-¿Tuviste una tormenta estos días? Dicen que cayeron varios rayos en las cosechas de la ciudad. Pues La Base tampoco se libró.
Era cierto. Casi todas las cosechas de la ciudad habían sido arrasadas hacía unos días. Claro, solo las únicas cosechas que quedaban en pie desde que empezó la sequía. La lluvia se agradeció. Los rayos no.
-¿Un rayo cayó aquí mientras no estábamos? Dios santo...
-Llegamos a pararlo a tiempo, y entre todos decidimos que el mercado llegara hasta donde comenzaba el desastre, para los que no tuviéramos nada que hacer, pudiéramos reconstruir este lugar. Muchas familias se han quedado sin hogar y es momento de arrimar el hombro.
-¿Todas las familias tienen sitio donde descansar?
-Fred y Joanna están en casa de Louis. Angus y Lucy, los huérfanos, están en mi casa. Los demás se han repartido como hemos podido.
-Algo me da de que esos niños dejarán de ser huérfanos en poco tiempo. Tu mujer les cogerá cariño.
-¿Sofia? Probablemente, sí. Pero no me molestaría. Son unos niños trabajadores y obedientes. Bueno, marcho a trabajar. Me alegra haber charlado contigo, Álvaro.
-Igualmente, Martos.
-¡Suerte con esos dos!-dice gritando mientras se aleja a ayudar a dos jóvenes que intentan alzar una viga de madera.
-Bueno, sigamos. Ya queda poco.
-¿Quién era?-pregunto con curiosidad.
-Un viejo amigo. Llegó aquí de casualidad, le gustó esto y mi historia y decidió convertirse en Oncer.
-Cierto, aún no nos has contado la historia.
-Supongo que hasta que no estemos tranquilos y conozca vuestros nombres no os contaré nada. Bueno, ya estamos muy cerca. ¿Seguimos?
-Sí, vamos. ¡Estoy deseando verlo todo!-dice Rin emocionada.
Recorrimos toda la parte de cenizas y otra buena parte donde las casas estaban decoradas con hermosos balcones llenos de flores y jóvenes mujeres recorrían las calles entre risas en grupo de tres o cuatro. Las casas desaparecieron de nuestros costados y apareció un claro de hierba verde clara, con un gran edificio en medio del claro. Es bastante más alto que los demás y sus paredes están llenas de cristales. Parece casi imposible que se mantenga en pie. Tanto Rin como yo nos quedamos embobados mirando tal milagro de la construcción.
-Aún podéis volver. Si entráis ahí, no volveréis atrás nunca. Seréis Oncers. ¿Estáis dispuestos a servir a esta organización? Si es así, entrad. Si no, marchaos por donde habéis venido.-dice Álvaro entrando por una puerta de cristal que se abre como por arte de magia.

Rin me mira. Yo la miro. No hay vuelta atrás. Asentimos. Y entramos como Álvaro lo ha hecho. Ya somos Oncers de pleno derecho.

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